La frase más cara en el IT de un negocio pequeño no habla de un hackeo ni de una caída. Es: el que lo configuró ya no contesta.
Cuando pasa, nada está descompuesto. El sitio funciona, el correo llega. Hasta que toca renovar el dominio, o quieres cambiar un número de teléfono en la página principal, y resulta que la única cuenta que puede hacerlo es de alguien que ya siguió su camino.
Cuatro cosas que deben estar a tu nombre
- El dominio. Registrado a nombre de tu negocio, cobrado a una tarjeta que tú controlas, y con los avisos de renovación llegando a un correo que revisa más de una persona.
- El DNS. Quien controla esto controla a dónde apuntan de verdad tu sitio y tu correo. Es la palanca más silenciosa y más total de todo el sistema.
- La cuenta de hosting o de despliegue. Tuya, con tu proveedor invitado — no de él contigo de invitado.
- El código y el contenido. En un repositorio al que puedas entrar, no guardado en la laptop de una sola persona.
Cómo revisarlo esta misma tarde
Busca a nombre de quién está registrado tu dominio y a qué correo llega el aviso de renovación. Luego intenta entrar a donde está alojado tu sitio. Si algo de eso termina en la cuenta personal de otra persona, ya encontraste qué arreglar — y se arregla mucho más fácil mientras la relación sigue en buenos términos.
Cómo se ve una entrega de verdad
Cada cuenta a tu nombre, las credenciales entregadas y una lista escrita de qué está dónde. No porque se espere que la relación termine mal, sino porque un negocio debe poder sobrevivir a que termine.
Así entregamos nosotros, siempre. Y también es una pregunta justa para hacernos. Cómo trabajamos